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Vino

La última cuerda

Es una pena que después de vos me importe lo que viene después del sexo.  No, no llenaste un vacío, me hiciste un hueco. ¿Qué se supone que haga ahora?, ¿buscarte como una loca argumentando que como vos no he de encontrar nada en la vida? Jamás me importaron las frases, imágenes y canciones, las reutilicé en más de una ocasión, descubrí que no es pecado repetir las dedicatorias, pues en medio de nuestro egoísmo humano regalamos al otro lo que nos deleita a nosotros; no importa cuántas veces dedique la misma puta canción, ya no es un secreto que se trata de lo que me hace sentir y no de lo que quiero que sientan; no son tuyas, no lo son... ni las frases, ni las canciones, ni los poemas, ni las estrellas, ni las miradas,  ni las sonrisas, ni las fotografías; no lo son y nunca lo fueron, están conmigo y van de mano en mano. Es una pena que después de vos me importe lo primero que veo en la mañana,  es una pena que después de vos me importe lo que el homenajeado piense de...

Vino

Ha pasado un año, casi trece meses para ser más exactos. Quisiera tener el poder de editar ese último encuentro, el tiempo trajo claridad y la soledad resolvió mis dudas; nos faltó audacia para controlar la furia que nos desbordaba, la inexperiencia fue mi enemiga y nos ahogó tus desgano por tomar el timón. La cubierta quedó destrozada y las velas totalmente rasgadas. Llevaba dos botellas de vino, vino... ¡cuánto lo aborrezco!, la primera noche bebí tres copas contigo, cada trago se aferraba a mi garganta y la anudaba provocando reacciones que gracias a la vida solo yo podía percibir. La botella quedó totalmente vacía, tu parecías feliz, yo lo estaba también excepto por ese asqueroso trago que no sé quién te enseño a apreciar; no debimos beberla, de no haberlo hecho estaría en el fondo con su compañera, la que guardé para la despedida, y no flotando en mis orillas bailando de aquí a allá completamente vacía, sin mensaje, sin propósito, sin memoria, inservible y repugnante. ¿Dónde t...
Píntame de rosa que yo te pintaré de azul. No, no es cliché, despedazaste mi cuento de hadas y cambiaste mi final feliz por uno incierto, nubado, aventurero. Te quiero, es cierto, pero no podrás borrarme la utopía, no podría apartarme de ella; vamos, píntame de rosa que yo te pintaré de azul, iniciemos en mis reglas que ya el camino se encargará de transformar nuestra piel, nuestras almas y nuestros sueños, iniciemos en rosa y azul, son solo dos colores y no tienen que ver con esquemas occidentales infantiles, podrían solo ser blanco y negro, amarillo y rojo. Tú y yo, un tono cada uno al dar el primer paso, ya el camino teñirá de barro nuestros pies, la brisa despeinará y opacará nuestros cabellos, ¿qué tal un poco de arena blanca de la Habana?, el mar nos desteñirá hasta el cuello, quiero el verde de la selva amazónica en nuestros ojos, el cielo estrellado del desierto en nuestro rostro;   vamos mi cielo, píntame de rosa, tiñe hasta el último rincón de mi cuerpo, quiero ver co...

No quiero ni querré.

Hubo un verso para la taza de café, hubo uno más para ella, pero no hallé algo para la canción de fondo. Hubo un verso para el sentimiento desvelador, hubo un par más para ella, no hubo uno para el grillo que acompañó tus largas noches mientras soñabas despierto. Hubo un verso por cada lágrima, unas cuantas docenas de rimas más para ella, no hubo una para el pañuelo que evitó un diluvio sobre el papel. Hubo un verso para los pasos improvisados del baile, hubo un poema para ella, ni una sola palabra para la noche que iluminó perfectamente cada rincón de su rostro.   No hay rimas para la ambientación, no hay versos para el paisaje, no se le escribe un poema al fondo.   Podría, cuando así lo quisiera, obligarte a dedicarle un par de versos  a las clavijas oxidadas de la guitarra en aquel rincón, a la flauta dulce del preescolar, a la vieja almohada que no te atreves a cambiar, a la medallita de tu primera comunión, al tan anhelado regalo de ...