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Sí se puede vivir viajando

Uno de mis propósitos para este 2019 es cultivar más mi hábito de lectura, es así como a hoy 8 de febrero voy por mi sexto libro, debo confesarles que dos de ellos han sido audiolibros y  también que dos semanas de vacaciones forzosas me dieron un poco más de tiempo libre del que tomé mucha ventaja. Sí se puede vivir viajando llegó a mis manos en noviembre del año pasado, fue el regalo de cumpleaños de mi papá :) Para serles sincera no me sentía ansiosa por comenzarlo a leer, me parecía un libro interesante más por sus autores que por el título, me daba un poco de miedo encontrarme con una suerte de decálogo para el éxito viajero o cinco pasos mágicos para lograr vivir de país en país. Fue muy grato encontrarme con una lectura totalmente diferente, el libro es sencillamente encantador. Cada uno de los autores nos relata de manera breve lo que ha sido su vida como viajero, así, sin recetas mágicas, sin tres pasos infalibles para el triunfo, sin trucos para empacar la male...

Viajera en pausa

Ha pasado un año desde que dejé Seattle, la ciudad en la que me descubrí y a la que siempre quisiera volver. Me regalé dos años sabáticos de los cuales 13 meses llamé hogar a la ciudad esmeralda. Volví a Medellín, mi ciudad natal, estuve por un mes viendo   amigos y familiares, me sentía de paseo, no tenía pesos colombianos, ni línea local, veía todo pequeño, me asustaba el ruido y me fascinaban las montañas. Empaqué maletas y me fui a México de voluntaria, pasé dos meses allí sintiéndome plena por hacer nuevos amigos, conocer lugares hermosos y a la vez aportar un granito de arena para construir un mundo mejor. Regresé de nuevo a Colombia y seguí viajando, me fui a Boyacá con mi familia, una buena amiga que había conocido en Seattle nos acogió en su casa y nos mostró lo más lindo de su tierra (Maleja siempre te voy a estar agradecida); después me fui a Manizales a disfrutar de la feria con una de mis mejores amigas de Seattle (Laura es una anfitriona de 10). Hacía cuatro mes...

Patas arriba: la escuela del mundo al revés

Hoy quiero compartirte una perla, el libro con el que conocí a mi autor favorito: Eduardo Galeano. Por recomendación de un viejo amor llegó a mis manos, no podía dejar de leer, estaba fascinada. Al llegar al final no pude más que dejar salir un suspiro que aún no sé con certeza lo que significaba, contenía un poco de asombro, ira y satisfacción de conocer verdades ocultas. No sé cuál sea el tipo de lectura que más te atrapa, a mí me atrapan las lecturas que me hacen sentir que me arrancan una venda de los ojos, las que me acercan a la verdad, las que me regalan perspectiva, las que me ponen del otro lado de la historia. Galeano, la voz abierta de América Latina logró capturar toda mi atención con sus palabras. Tal vez hayas oído sobre su famosa obra “Las venas abiertas de América Latina”, libro que fue censurado por las dictaduras militares de Uruguay, Argentina y Chile; o sobre “Úselo y tírelo” una crítica a la sociedad de consumo. Podría quedarme un largo rato recomenda...

Dilema de cuarto de siglo

¡Vaya lío en el que me he metido! Que yo misma he comprado mi soledad susurró alguien a mis espaldas. Que no me gusta nada me ha dicho mi madre y que no es para tanto mi hermana. Ni qué decir de mi papi, él feliz de que yo siga un par de años más sin un "encarte". Un par de amores enfermizos a temprana edad bastaron para poner el amor en cuarentena, me rasgué las vestiduras por un par de días pero después vino la calma; y esa calma me llevó a los libros, a la música, a las noches de poesía, a las largas conversaciones con amigos entre copas de vino, me llevó a la academia y puso mi nombre en mi lista de prioridades. "¡Cuidado que la soledad es adictiva!" me dijo alguien y no le creí, perdóname, hasta ahora no logro rehabilitarme. Es que es una cosa de locos como diría mi amigo el poeta, dejas de esperar por alguien y te llevas a todas partes, vas al cine, al teatro, te cocinas, te ves al espejo con seguridad, emprendes, bailas, cantas, viajas, te comes el mund...

Esmeralda

Ya voy llegando a la página final, se acerca el momento de despedirme de la ciudad que me vio nacer de nuevo, de las calles en las que me perdí una y otra vez, en las que temblé al no saber usar el GPS. Adiós al mercado más colorido, el más alegre y de olores más fuertes, hasta pronto a los artistas callejeros colmados de talento, al muro en el que juré pegar un chicle aunque me muriera del asco, a los clásicos ramos que se comparten los enamorados, adiós al primer Starbucks y su loca fila que nunca mereció mi tiempo, adiós a los artesanos, agricultores y pescadores. A la rueda de los enamorados y el waterfront que sigue inspirando a todo quien lo visita. A los paisajes con ferrys, a las montañas Olímpicas, a los atardeceres de Golden Gardens y los románticos dates en Gas Works Park. Mis botas y chaqueta de lluvia ya están en mi maleta, juro algún día usarlas de nuevo. Adiós al clima perfecto, a la gente de buena vibra y libertad pura. Adiós al cielo gris y la lluvia boba....

Familia

Todos lo llamaban "el mico", como si no tuviera más nombre que su alias.  Todos lo llamaban "el mico", inclusive su madre... como si no fuera hijo de nadie.  Todos lo llamaban "el mico", pero yo nunca lo dejé de llamar "mi tío". Ni siquiera "tío" solamente, MÍ TÍO, porque aunque no me guste es mío,  y eso fue lo que nunca comprendió el resto de la familia o los que se hacían llamar amigos. No podés deshacerte de una personas de un día para otro como si fuera nadie. No podés cerrar los ojos y cambiar tus padres, no podés pretender que no tenés hermanos porque te dio la gana de no tenerlos. El ladrón, el matón, el drogadicto, el mentiroso, el toma trago, el agresivo... el abandonado, el que con mil hijos regados no tiene ni una visita en Navidad en la cárcel. El que aguantó hambre, al que sus hermanos negaron, al que su madre maldijo y su padre nunca quiso. Al que condenaron siendo culpable, ese es mi tío. Si queda libre, es mi tío....

Mi habitación

Que a nadie se le ocurra quedarse en silencio dentro de esta habitación, que nadie se detenga ni por un segundo  a observar lo profundo. Síganme el paso y sírvanme otro trago, rían a carcajadas, saturen los sentidos. Que a nadie se le ocurra romper la distracción, hasta yo sigo pensando que la distancia funcionó. Alejen el agua de mi cara y rompan los espejos de la casa, ninguno de ustedes querrá soportarme cuando caiga el telón. Que situación tan absurda, que poco inteligente... meterte en donde no te llamaron para causar lo que nadie buscaba y después huir en medio de la nada. Suban el volumen por favor, esto suele no suceder, no se preocupen, no quiero hacerme cargo, suban el volumen, otra vez me abandoné.